Call of the Elder Gods no intenta asustarte enarbolando la temática de Lovecraft como motor. Pero sí utiliza ese imaginario y miedo a lo desconocido para generar una curiosidad genuina por aquello que desconocemos. Y eso es lo que lo hace tan interesante.
No hay sobresaltos constantes ni criaturas de morfología variable a punto de acabar con tu miserable e inferior existencia. Lo que hay es otra cosa. Una sensación incómoda de que el mundo guarda algo más grande, más antiguo y más extraño de lo que conocíamos. Una especie de llamada hacia el peligro, que te empuja a seguir indagando, pese a que sospeches que quizas no deberías estar ahí.
Y aun así sigues.
Porque los chicos de Out of the Blue Games entienden que la curiosidad humana siempre ha sido más fuerte que el sentido común.
Visualmente, Call of the Elder Gods es una barbaridad. No necesita buscar el hiperrealismo porque encuentra algo mucho más valioso: personalidad y el gusto por los detalles.
Cada escenario parece construido para que quieras detenerte a mirar. Bibliotecas llenas de miles de libros y pequeños detalles, ruinas y símbolos extraños escondidos por doquier, bases militares ultrasecretísimas abandonadas en el hielo y muchos otros sitios, cada uno muy diferente del anterior.
Y luego está el sonido.
No como herramienta de terror o mero adorno, sino como constructor de atmósferas. El juego sabe perfectamente cuándo dejar espacio al silencio, cuándo usar una melodía suave y cuándo simplemente dejar que los dioses antiguos tomen control del mismo y nos respiren al oido. Hay momentos donde no ocurre nada especialmente reseñable... y aun así sientes que algo no termina de encajar.
Como si hubiese una capa más debajo de todo.
Como si el propio mundo estuviese guardándose información.
Aquí los puzles no solo aparecen puestos para frenar el evance del jugador sin más. Forman parte del misterio y de la historia que nos quieren contar. Resolverlos no da sensación de “superar un nivel”, sino de profundizar un poco más en la trama. Añadiendo información y misterios tras cada puerta abierta.
Y funcionan especialmente bien porque exigen atención real. Observar, conectar ideas, revisar detalles tanto de las notas como del mundo. Hay una lógica interna muy marcada, todo tiene una solución y la losución siempre esta a tu alcance, pero debes de saber que mirar y como encajarlo de la manera correcta.
A veces no avanzas porque sea el objetivo del juego.
Avanzas porque necesitas entender qué demonios está sucediendo a tu alrededor.
Y si por algún casual estás algo denso o no se te dan del todo bien los puzles, el sistema de pistas está ahí para salvarte. El equipo de Out of the Blue Games ha incorporado un sistema de pistas para todos los gustos. Estas pistas pasan desde pequeñas anotaciones para saber dónde mirar a indicaciones para resolver los puzles e incluso a la resolución de los mismos por si lo das por imposible.
Hay una presencia constante durante toda la aventura. Una sensación de que alguien observa desde lejos y entiende mucho más de lo que tú alcanzas a comprender desde nuestro punto de vista.
Y eso le da mucha fuerza a la narración.
Call of the Elder Gods juega continuamente con la idea de inevitabilidad. No desde el terror, sino desde esa extraña sensación lovecraftiana de estar rozando algo demasiado grande para la comprensión humana.
Y mientras avanzas, puedes ir escuchando una voz tranquila y jovial observándolo todo desde algún lugar imposible:
“Y pese a todo, quizas no este todo decidido... Él sabe que se lo debe pese a todo.”
El juego deja muchas pistas y dobles sentidos que se entienden mucho mejor tras haberlo completado y desenmarañado. Pero ese impás mientras recorres los escenarios desde el desconocimiento genera más curiosidad y preguntas.
Y eso le funciona genial.
Lovecraft entendido desde la fascinación, no desde los tentáculos
Muchos juegos usan lo lovecraftiano como decoración: monstruos gigantes, cultistas y nombres impronunciables, Call of the Elder Gods para apuntar a otra parte mucho más interesante dentro de este imaginario: la sensación de insignificancia.
No intenta impresionarte con monstruos y maravillas. Intenta hacerte sentir pequeño. Como alguien que ha abierto una puerta demasiado antigua y ahora esta fascinado por todo lo que allí se encuentra, tan lejos y cerca al mismo tiempo.
Y ahí está una de sus virtudes: la curiosidad genuina no viene de lo explícito, sino de lo que intuyes sin saber muy bien de donde viene.
Quizás no haya nada persiguiéndote.
Pero quizás lo inquietante es descubrir que eso siempre estuvo ahí.
Call of the Elder Gods no busca impresionarte a base de tentáculos y horror cósmico. Lo que propone es algo mucho más acotado: una aventura construida alrededor de la curiosidad, la incomodidad y la sensación constante de que existe algo enorme escondido justo fuera de tu alcance.
Visualmente es precioso. Sonoramente sabe envolver cada escena. Y sus puzles consiguen algo difícil: hacer que pensar y observar formen parte natural del misterio.
Puede perder algo de ritmo en ciertos momentos y algunos acertijos pueden ser muy enrevesados para aquellos no tan duchos en este tipo de juegos, pero incluso ahí mantiene un nivel casi impecable.
Y cuando termina, note quedas pensando en monstruos ni sobresaltos.
Te quedas pensando en preguntas suspendidas.
En símbolos.
En puertas semiabiertas.
Y en esa incómoda sensación de que quizá las cosas habrían podido ser diferentes con las elecciones adecuadas..
- Hemos realizado este análisis en PC con un código proporcionado por MGA -
💚 Dirección artística y sonido sobresalientes
💚 Puzles muy variados e integrados en la narrativa
💚 Uso muy interesante de la atmósfera lovecraftiana y el narrador
❌ La interacción con el entorno puede sentirse limitada a veces
❌ Algunos puzles rompen el ritmo natural de la aventura
❌ El desenlace puede resultar demasiado ambiguo para algunos jugadores
Sanitario de profesión, estudiante de vocación y jugador por pasión. Lo mío nunca fueron las historias profundas y descorazonadoras, pero sí los retos y los niveles de dificultad endiablados. La primera consola que recuerdo fue la primera PlayStation, y desde entonces no he dejado de explorar un sinfín de mundos junto a los videojuegos.