Hay juegos que no solo se juegan: te transportan. Y Diplomacy Is Not an Option lo hace desde el primer minuto. Colocas tu ayuntamiento, organizas aldeanos, gestionas comida y madera… y sin darte cuenta estás otra vez en esa habitación de hace veinte años, con Age of Empires abierto y la sensación de que te van a faltar horas para jugar.
Aquí no hay diplomacia posible. El título no engaña: las oleadas llegan y arrasan si no estás preparado. Miles de enemigos en pantalla avanzando hacia tus murallas. No decenas. No cientos. Miles. Y en ese momento recuerdas por qué te enamoraste de los RTS clásicos: por la planificación, por el orden, por esa tensión creciente cuando ves acercarse la tormenta.
La base del juego es pura escuela clásica. Recursos limitados, población que alimentar, felicidad que mantener, murallas que levantar. El equilibrio entre expansión y defensa es constante. Si creces demasiado rápido, no podrás protegerte. Si te atrincheras sin economía sólida, te ahogas por dentro.
Y ahí está la magia de la estrategia: no gana el que produce más, gana el que planifica mejor.
Cada torre que colocas, cada línea defensiva que trazas, cada catapulta que sitúas en el ángulo correcto importa. No es un RTS de microgestión frenética; es uno de lectura estratégica. De prever por dónde vendrá el golpe y preparar la respuesta antes de que llegue.
Donde el juego se diferencia realmente es en la escala. Ver miles de unidades enemigas chocando contra tus murallas es tan impresionante como intimidante. No es solo una cuestión visual; es una prueba mental. ¿Tus defensas aguantarán? ¿Calculaste bien la comida? ¿Te faltan arqueros en ese flanco?
Hay algo casi lujurioso en ver cómo una defensa bien construida convierte una avalancha en una pila de cuerpos al pie del muro. Es crudo, sí, pero estratégicamente satisfactorio.
En esos momentos, el juego no solo recuerda a los grandes RTS clásicos: los honra.
Aunque su corazón late con nostalgia noventera, Diplomacy Is Not an Option no es un simple homenaje. Introduce mecánicas modernas de supervivencia, presión constante y diseño orientado a oleadas que lo acercan a títulos como They Are Billions.
La campaña no es profunda narrativamente, pero cumple como hilo conductor. Donde realmente brilla es en el modo sandbox y en la sensación de reto progresivo.
Eso sí, no es perfecto. La curva de dificultad puede resultar irregular y algunas partidas pueden volverse repetitivas si el jugador no disfruta del ciclo de construir, defender y reconstruir. Pero cuando encaja contigo, engancha con fuerza.
Diplomacy Is Not an Option no reinventa el género, pero tampoco lo necesita. Su mérito está en recuperar la esencia de los RTS clásicos y combinarla con un espectáculo moderno de escala masiva.
Es un juego que entiende que la estrategia no es velocidad, sino previsión. Que la satisfacción no está en hacer clic más rápido, sino en ver cómo tu planificación resiste el caos.
Para quienes crecimos levantando murallas en Age of Empires, este título no es solo un RTS más: es un recordatorio de por qué el género nos marcó tanto.
- Hemos realizado este análisis en PC con un código proporcionado por Door 407 -
💚 Escala masiva de enemigos impresionante
💚 Nostalgia bien canalizada hacia los grandes RTS clásicos
💚 Estrategia sólida y satisfactoria
❌ Curva de dificultad irregular algunas veces.
❌ Puede volverse repetitivo en partidas largas.
❌ Narrativa funcional pero poco memorable
Sanitario de profesión, estudiante de vocación y jugador por pasión. Lo mío nunca fueron las historias profundas y descorazonadoras, pero sí los retos y los niveles de dificultad endiablados. La primera consola que recuerdo fue la primera PlayStation, y desde entonces no he dejado de explorar un sinfín de mundos junto a los videojuegos.