Cuando Bear Grylls saltó al estrellato por sus programas de supervivencia no faltó la gente que encontraba sospechosas algunas de las situaciones que enfrentaba el showman televisivo: sobreponerse a tormentas imposibles, alimentarse de insectos en los páramos más solitarios del mundo o encontrar agua en áridos desiertos eran solo algunas de las hazañas que planteaban dudas entre la audiencia, que se preguntaba atónita si de verdad ese hombre y su equipo dormían al raso cubriéndose con hojas de palmera gigante durante el monzón asiático o si, fuera de cámara, se alojaban en el hotel más cercano. Teniendo cubiertas las necesidades básicas (la cama y la comida) la supervivencia se hace menos cuesta arriba, claro, y algo parecido nos encontramos en la obra de los polacos de Rock Square Thunder.
Pero empecemos por el principio, ¿de qué va I HATE THIS PLACE? Basado en el cómic homónimo, encarnamos a Elena, una joven que vuelve a la granja de sus tíos, tras estar un tiempo alejada, para conectar con su amiga de la infancia Lou e investigar un secreto familiar que lleva atormentándola desde que eran niñas. Unos extraños monstruos han aparecido al mismo tiempo que su compañera desaparece y tendrá que descubrir qué ocurre en ese maldito lugar y si podrá hacerlo de una pieza.
Como todo buen survival que se precie tendremos una barra de salud, una de resistencia, que se vacía corriendo o atacando cuerpo a cuerpo a los monstruos, y otra de hambre, que se vacía con el tiempo y que tendremos que rellenar alimentando a nuestra protagonista. Si la barra de hambre se vacía del todo se consumirá nuestra resistencia, impidiéndonos atacar y correr todo lo que queramos. Cabe recordar, también, que nuestro inventario está limitado por el peso máximo que podemos llevar, por lo que es imprescindible gestionar lo que llevamos o no encima, para cuando la situación se ponga tensa y tengamos que elegir entre terminar nuestra misión o volver a un refugio o a la granja de nuestros tíos con el rabo entre las piernas. Y ahí recae el principal problema de esta aventura: que ninguno de estos sistemas importa al final.
El hub principal del juego es la granja de sus tíos, donde Elena vivió parte de su infancia, y la utilizaremos para pertrecharnos entre misión y misión. En ella podremos crear pozos para extraer agua, plantar frutas y verduras para cocinarlas y más adelante, en el endgame, hasta crear munición. Debido a la ausencia de urgencia y a que no hay límites a la hora de crear recursos, ¿para qué ponerse a contar balas, ir a sigilo evitando pisar cristales para alertar a los enemigos, o cuidar bien la gestión de las provisiones? En un ejercicio torpísimo de antidiseño se acaban acumulando muchas ideas relacionadas con los juegos de supervivencia que, desgraciadamente, no encajan ni un poco. La estética de tipo cómic y los disparos cumplen su función, pero la repetición de enemigos, lo anodino de su diseño de niveles, y los no pocos fallos técnicos, sumados a los constantes palos en las ruedas que ponen sus diferentes sistemas jugables, hace difícil que queramos pasar una larga temporada en la granja de nuestros tíos.
- Hemos realizado este análisis en Nintendo Switch -
💚 Lo conseguido de la estética cómic, con sus efectos y onomatopeyas.
❌ Muchos sistemas jugables sin cohesión ni sentido entre ellos.
Maestro de vocación y videojugador incansable, no dejo maquinita sin tocar. Nintendero desde chiquitito y con la vista puesta en los indies, nuestra salvación en los tiempos convulsos que vive la industria, siempre sacaré un ratillo para echarle una run más al Isaac.