Es imposible no considerar a Super Meat Boy como un icono del videojuego indie. Con el impacto de su obra original, Team Meat (en su momento compuesto por Edmund McMillen y Tommy Refenes) alcanzó una popularidad sin precedentes y demostró tanto a la gente como a las grandes compañías que otra manera de hacer juegos, alejada de los triple A, era posible durante la gran explosión indie de 2010 y gracias al impulso de servicios como Xbox Live Arcade. Sus plataformas bidimensionales exigentes, trampas endiabladas y multitud de referencias, secretos y guiños al medio y a la cultura popular, hicieron de este pedazo de carne con ojos y boca una de las mascotas más reconocibles de toda la industria. Pero, como ocurre tantas veces, el amor se acaba y el bueno de McMillen abandonó el estudio y a su compañero por desavenencias creativas en 2017, momento en el que se estaba preparando la secuela Super Meat Boy Forever, título que no tuvo una buena recepción por su concepto de autorunner con diseño de niveles generado aleatoriamente. Casi diez años han pasado desde entonces y otra secuela, de nuevo, sin la autoría de su padre, acaba de salir al mercado, invadiendo la tercera dimensión e intentando convencer a los fans que perdió con su precuela. ¿Lo habrá conseguido?
En colaboración con los alemanes de Sluggerfly (Ben and Ed, Hell Pie) nos llega la incursión de nuestro trozo de carne favorito a las tres dimensiones, manteniendo las plataformas imposibles, las sierras mecánicas, la sangre por todas partes e, incluso, la “foto finish” tan característica de aquella primera aventura, en la que veremos todos los intentos que nos ha llevado superar un nivel. Aquí ya se puede percibir el cariño con el que el estudio ha desarrollado esta entrega viendo cómo, con cada muerte y consiguiente intento, nuestro protagonista se va descomponiendo más y más, llegando a tener hasta un ojo colgando de su cuenca. El salvaje sentido del humor no ha abandonado, ni un poco, a la franquicia.
La aventura se compone de un mapa dividido en cinco mundos, cada uno con 15 niveles normales, su nivel secreto y su jefe final correspondiente. Asimismo, cada nivel esconde una tirita coleccionable que desbloquea nuevos personajes y cameos sacados de otras obras indie, y una versión más difícil y oscura de dicho mundo si se consigue superar el tiempo establecido, desbloqueando los niveles más complicados y estresantes de toda la aventura. Armaos de paciencia si queréis exprimir y conseguir todo lo que propone el juego, porque su dificultad no toma rehenes.
Quizá el mayor reto que tenía esta nueva entrega era mantener en el paso a las tres dimensiones el exquisito diseño de niveles del original, título que no paraba de lanzar novedades y sorpresas a la cara, manteniendo su preciso control basado en impulsos, saltos en la pared y una gestión matemática del espacio; pero he de decir que mantiene el tipo y la calidad casi en la totalidad de sus niveles. La mayor pega, además de la ausencia de tutoriales en los niveles secretos, cuyas mecánicas son distintas a las del resto del juego, es que, en ocasiones, la legibilidad de los elementos del escenario no es la mejor. En medio del frenetismo de la fase, a veces no sabemos dónde tenemos que saltar o apoyarnos para llegar a la próxima plataforma, cosa que puede desquiciar mientras estamos esquivando sierras, láseres o cañones teledirigidos. El juego incluye un indicador de personaje para mostrarnos en todo momento su posición, pero, al final, la mejor manera de superar este escollo es mediante ensayo, error y memoria muscular. Nada para lo que los anteriores juegos del estudio no nos hayan preparado ya.
Con cameos chulos, musicote de Ridiculon que nos acompaña en cada mundo, cinemáticas divertidísimas hechas con su característico apartado visual y un cariño por la IP mucho mejor llevado que en el infame SMB Forever, Sluggerfly ha insuflado de energía a una saga que, sin McMillen, no era lo mismo.
Y sigue sin serlo, pero la ausencia, en este caso, se nota menos.
- Hemos realizado este análisis en Nintendo Switch 2 con un código proporcionado por Headup -
💚 Una vuelta a los orígenes.
💚 Control divertido.
💚 Escenarios desafiantes.
💚 Multitud de secretos.
❌ La falta de legibilidad en los escenarios.
❌ Falta de tutoriales en los niveles secretos te harán repetir las cosas más veces de las que te gustarían.
Maestro de vocación y videojugador incansable, no dejo maquinita sin tocar. Nintendero desde chiquitito y con la vista puesta en los indies, nuestra salvación en los tiempos convulsos que vive la industria, siempre sacaré un ratillo para echarle una run más al Isaac.