La saga The Legend of Zelda ha quedado grabada en el colectivo imaginario como una de las más importantes de la historia de los videojuegos. Pero, ¿existen realmente alternativas al juego de Nintendo? Squaresoft trató de crear su propia aventura en perspectiva cenital con Secret of Mana, y así tantas otras compañías, pero las sensaciones que dejaba nunca lograban replicar lo que transmitía Zelda. Los números y estadísticas propias del RPG, su enfoque en los combates y en mundos masivos contrastaban con la simpleza de Zelda y sus mundos compactos pero llenos de secretos, rompecabezas y misterios. Pantallas en las que siempre encontrabas algo con lo que experimentar, objetos que desbloquean nuevas maneras de interactuar con el mapa y esa sensación tan difícil de definir de que el mundo te pertenece un poco más cada vez que avanzas.
The Legend of Zelda: Link’s Awakening (1993)
Esa mezcla más pura de puzles y aventura, ese toque inocente y un mundo que se va abriendo como una flor a medida que progresamos lo encontraremos en Elementallis. Y todo esto lo hace bebiendo de The Legend of Zelda, pero jugando sus propias cartas de una manera muy hábil.
Nuestra partida empieza con un pequeño flashback que nos lleva diez años atrás. Nuestros padres eran unos poderosos magos que se vieron envueltos en un incidente con los elementos, llevándolos a la destrucción y sumiendo al mundo en el caos. A raíz de esto, nuestro protagonista -un joven silencioso, al más puro estilo de Link- se queda al cuidado de Amalric, un viejo maestro y mentor de sus progenitores. Quién sabe si por puro azar o porque es el elegido, un elemental vacío se une a él, despertando sus poderes dormidos. Junto a este compañero deberá reunir los elementos y reparar los daños que asolan la tierra de Elregir. El deber nos llama, partiendo inevitablemente hacia una épica aventura.
De qué me sonará, un juego que comienza con lluvia…
Pero Elementallis no se conforma con darnos un mundo bonito: lo habita con esmero. Elfos, enanos, humanos y otras formas de vida conviven en este ecosistema, cada uno con sus propias inquietudes respecto a lo ocurrido con los elementos e incluso con recelos entre las diferentes razas o hacia los elementalistas, en una narrativa que se esfuerza en contener bastantes detalles. Cada aldea esconde sus propias subtramas que deberemos resolver para llegar al templo, y fuera de ellas nos esperan las páginas del diario de nuestros padres y un bestiario que expande detalles de este universo. Además, los nombres y localizaciones tienen una fonética marcadamente catalana, por lo que resulta una experiencia única jugarlo en este idioma, pudiéndolo elegir entre los que se encuentran disponibles.
La narrativa tira de cierta ironía en algunas situaciones
Aquí no vas a usar un arco ni bombas. Además de la espada y el escudo de rigor, tendrás a tu disposición diferentes elementos que irás dominando a medida que avances en la historia y que abrirán nuevas zonas de un extenso mapa. Más allá de su uso en combate, cada uno otorga habilidades con las que interactuar con el escenario de maneras interesantes. Por ejemplo, el fuego ilumina antorchas y quema zarzas, con el viento podemos atravesar grandes distancias y la burbuja nos permite caminar sobre la superficie del agua -el pobre chico, por algún motivo, no sabe nadar-.
Los templos rebosan de aroma zeldero
Los ocho templos están plagados de puzles y enemigos al más puro estilo Zelda, uno por cada bioma: bosques, playas, montañas, ciudades modernas. La dificultad está bien calibrada, y si bajamos la guardia nos pondrán en más de un aprieto, puesto que los corazones escasean más que en los juegos de Nintendo. Los jefes finales, además, pondrán a prueba nuestro dominio de los elementos antes de dejarnos partir hacia una nueva zona.
Y luego está el mapeado. Enorme, lleno de cuevas y recovecos que invitan a desviarse del camino principal. En ese vasto mundo encontraremos piezas de corazón, fragmentos de maná y minerales con los que mejorar espada y armadura, así como gemas que potencian nuestros elementos. Es una aventura larga y cuidada que puede superar las quince horas, y que merece la pena a cada paso.
Encontraremos varios guiños a las aventuras de Link
La banda sonora sorprende con una acertada mezcla de chiptune e instrumentación más moderna. Algunos segmentos nos transportan directamente a los clásicos de 8 y 16 bits, que se fusionan con guitarras, vientos y percusiones integradas con naturalidad en la sonoridad general del juego.
En lo visual, la manera de blandir la espada, los saltos con voltereta o el inconfundible levantamiento de brazos al conseguir un objeto nos resultarán muy familiares. Las animaciones beben claramente de los Zelda clásicos, especialmente de las ediciones de Game Boy, pero lo hacen con cariño y criterio, sin quedarse en la mera imitación.
Elementallis es de los pocos juegos que me ha hecho revivir las sensaciones de estar a los mandos de un Zelda clásico, y eso no es moco de pavo. Pero a pesar de sus obvias inspiraciones, también sabe sacar partido a sus elementos característicos: su mundo, su narrativa y su sistema elemental funcionan por méritos propios. Cualquiera dispuesto a embarcarse en una aventura repleta de exploración y puzles lo podrá disfrutar. Y si recuerdas con nostalgia Link's Awakening o los Oracle of Ages/Seasons y echas en falta más juegos de este corte, definitivamente no te puedes perder Elementallis.
- Hemos realizado este análisis en Switch con un código proporcionado por Top Hat Studios -
💚 Aventura larga con muchas localizaciones y tramas por descubrir.
💚 Diseño de niveles y puzles que nos recuerdan a los Zelda de toda la vida.
💚 El uso de los elementos funciona muy bien y lo hace único.
💚 Banda sonora que mezcla con acierto sonidos clásicos y modernos.
💚 Lo puedes jugar en la lengua de Cervantes y también en la de Pompeu Fabra.
❌ Algunas animaciones podrían ser más ambiciosas.
❌ Puede pecar de cierta falta de originalidad.
Javier Huerta es un comunicador de videojuegos que actualmente dirige y presenta el pódcast El Bloque Misterioso desde enero de 2023. Además, es la persona detrás de la cuenta de X para los amantes de los videojuegos, lo retro y el píxel, Nestálgicos.